Sin más, te levantas una noche, te asomas a la ventana y observando el cielo, jurando (por todas las estrellas que se encuentran en el Universo) que nunca más volverás a caer en la tentación de pecar.
A la mañana siguiente despiertas y descubres que estás como una rosa, y cada cosa que haces te da la felicidad suficiente pa' tirar pa' lante.
Pero a lo largo de los días recibes la llamada de una persona que anhela el no tenerte a su lado cada día. Vuelves a caer en la misma rutina que ya habías dejado de lado...por cada palo que por parte de esa persona te habías llevado.
Aquí es cuando llega la pregunta de la balanza : ¿qué vale mas la pena? ¿la persona que tu amas o tu propia condena?
Con el tiempo te vas dando cuenta de que esa persona que tu amas no es la misma de la que estas enamorada, que tus ojos tenían un velo que no te dejaba ver mas allá de la realidad con la que una noche observabas las estrellas y juraste que nunca más.
Llegado el momento tomas una decisión y haces lo correcto: no cambias tu alegria de vivir por alguien que jamás se sacrificó por tí.
jueves, 26 de noviembre de 2009
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