Lucho por un amor incomprendido, destinado al olvido.
Esta todo dicho no hay prisa porque el que espera desespera.
Mi condena, fue contarte mis mayores secretos que has utilizado para llevarme a lo más bajo.
Tonta de mí, que creí q la que fallaba era yo, y todos los días le pedía a Dios que me dejase
demostrarte que valía la pena, que mi corazón podía más que todo lo que se veía por fuera.
Luché tanto que me quedé sin fuerzas, y fué cuando dije - hasta aquí llegó mi límite.- Pero una
vez más conseguiste darle la vuelta a la tortilla y hacerme sentir mal, y como las personas
luchadoras no se rinden decidí darte una segunda oportunidad.
Poco a poco derrumbé ese muro impenetrable y me fuí dando cuenta que por tu parte
no recibía respuesta, que todo lo que yo te daba en cuerpo y alma tu te lo pasabas por el forro
de los huevos, y yo no se tú, pero para mí la vida no es ningún juego.
Sinceramente no creo que nunca bajes de la nube en la que vives. Yo seguiré con los pies en la
tierra, en donde afrontar los problemas que la vida me pone cada día me hacen ser más
responsable y exigente conmigo misma.
Seguramente no querrás entender lo que quiero decir ya que la razón siempre la vas a tener tú.
No quiero rencores, ni contestaciones, ni siquiera lamentaciones. Sólo espero que Dios ponga a
cada uno en su sitio, ya lo dice el dicho, y como le da a cada uno lo que se merece, tiempo al
tiempo que ya veremos lo que la vida te ofrece.
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